SALVACIÓN


En diversas entradas he invitado a mis lectores a que conozcan sus Biblias, que las lean en serio, y que reflexionen sobre lo que leyeron para que, como objetivo último, lo vivan.  Para los que nunca lo han hecho, les sugiero que lean mi entrada:  Recomendaciones para empezar a leer la Biblia.

En mis entradas de este 'blog' he mencionado que la Biblia es un medio de comunicación de Dios con nosotros, y debo agregar y enfatizar que uno fundamental.  En la Biblia se relata la relación de la humanidad con Dios, cómo empezó y se rompió (ver mi entrada:  ¿Cuál fue el famoso Pecado Original?), pero sobre todo, nos habla sobre su propósito de restaurar esa relación para vivir eternamente y plenamente con Él.

Así pues, este 'blog' no puede estar completo sin hablar sobre el plan para eso, muy conocido como Plan de Salvación, sobre el cual gira esta fe que profesamos y que llamamos Cristianismo, y cuyo fundamento está en esa Biblia a la que invito a leer.

El PLAN DE SALVACIÓN

El Plan de Salvación es una forma popular de explicar nuestra fe pero no está expuesto tal cual en la Biblia; sin embargo, debe estar plenamente basado en ella pues esto es imprescindible para la exposición de cualquier doctrina, y aún más para ésta que es la más importante.  Así pues, veamos este plan expuesto bíblicamente describiéndolo en los siguientes puntos:

1. Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros


Nosotros fuimos la culminación de su creación en el mundo haciéndonos a su imagen y semejanza (cf. Génesis 1.26).  Creó un mundo en el que tuvimos todo lo que necesitábamos en abundancia y que era "bueno en gran manera" (cf. Génesis 1.31 RV60, ver entradas Creación o Evolución - Parte 1 y Creación o Evolución - Parte 3).  Aún ahora, a pesar del daño que le hemos hecho al planeta, continúa impresionándonos por su riqueza y belleza.  Él quiere lo mejor para nosotros.  Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29.11 NVI  Pero entenderemos mucho más sobre este gran amor de Dios por nosotros en el punto 3 (ver siguiente entrada).

2. El pecado nos separa de Dios


Repasemos el significado de la palabra "pecado" en el griego original del Nuevo Testamento, αμαρτια - 'jamartia', que significa "errar el blanco", entendiendo esto como hacer cualquier cosa menos lo correcto.  En otras palabras, hacer cualquier otra cosa que no sea la voluntad de Dios, que viene a ser "el blanco".  Hay veces que podemos estar cerca del "blanco", ¡pero hay muchas veces que no le damos ni al tablero!

Hablando de pecado, empecemos por cómo cumplimos los principales mandamientos. —"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente" —le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: "Ama a tu prójimo como a ti mismo." De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. Mateo 22.37-40 NVI  Veremos que es claro que dejados en nuestra condición humana estos mandamientos son imposibles de cumplir.

A quien amamos la mayor parte del tiempo como Dios demanda es a nosotros mismos; somos por naturaleza egoístas.  Si nos guiáramos por las letras de muchas canciones románticas, podríamos decir que tal amor lo dedicamos a quienes estemos enamorados, pero la realidad es que en la gran mayoría de las veces en el fondo se trataría de obsesiones sobre personas porque satisfacen nuestras pasiones o necesidades emocionales, no del amor superior, como lo veremos adelante (por algo las relaciones son tan vulnerables y ahora más que nunca).


Respecto a amar al prójimo como a nosotros mismos, es completamente absurdo que lo podamos hacer.  Aclaro que en griego la palabra castellana "amar" tiene 3 equivalentes:  'Eros' que es un amor que viene de los sentidos, estético, sensual o erótico, lo aplicamos a lo que nos gusta; 'fileo' que viene de las emociones, lo aplicamos a los amigos, a la familia o a los hijos; 'agapao' que es el tipo superior, el de sincero interés, el que quiere lo mejor para los demás, incluso para los que no nos gusten o simpaticen, el que podríamos tener aún por los enemigos (cf. Mateo 5.44).  Aclaremos también que "prójimo" se refiere a "el próximo", o sea, prácticamente cualquiera.  Partiendo de este amor, es evidente que podemos ser capaces de tener cierto interés, mayor o menor, por algunas personas cercanas o incluso a la gente en general, pero el grado de hacer equivalente y extensivo el interés que tenemos por nosotros mismos a los demás está completamente fuera de órbita para nosotros.  Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 1a Juan 4.20 RV60

Si continuáramos con los demás mandamientos, como no robar, no mentir, no codiciar, no matar, etc. (cf. Éxodo 20.12-17), volvemos a darnos cuenta de nuestro pecado.  En el llamado Sermón del Monte, Jesús establece un estándar aún mas alto para el cumplimiento de tales mandamientos.  Ustedes han oído que se dijo: "No cometas adulterio." Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. Mateo 5.27-28 NVI  Y es que tenemos mucho pecado en nuestro corazón que no llegamos a ejecutar solo por falta de oportunidad.  Por ejemplo, sin duda abundan quienes teniendo la seguridad de no meterse en ningún tipo de problema (criminal, de infidelidad, etc.), tendría relaciones sexuales con quien les excitara, algunos incluso violentamente.  Lo mismo podría aplicarse a robar.  En cuanto a matar, podemos hacerlo sin llegar a cometer un homicidio, simplemente destruyendo su reputación ante otras personas (cf. Mateo 5.21-22), ya sea con toda la mala fe, o con un simple chisme.  Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! Santiago 3.5 NVI

Así pues, en nuestras vidas cometemos un sinnúmero de pecados contra un montón de gente que ni sabemos quien es, contra las personas cercanas a nosotros, incluso contra nosotros mismos, pero sobre todo contra Dios.  El resultado individual, cada uno lo sabemos en nuestras respectivas vidas.  El resultado global es el de un mundo que a pesar de sus portentosos avances científicos y tecnológicos, se deteriora a pasos agigantados económica, ecológica y, más que nada, moralmente.


"OK, OK, podemos decir, por supuesto que he pecado en mi vida, pero no soy ni un asesino ni un narcotraficante, ni un terrorista, ni nada por el estilo, en realidad no soy tan malo".  Pero la realidad es que podemos ser muy consecuentes con nosotros mismos.  A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los motivos. Proverbios 16.2 NVI  Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, Hebreos 9.27 RV60  También Enoc, el séptimo patriarca a partir de Adán, profetizó acerca de ellos: «Miren, el Señor viene con millares y millares de sus ángeles para someter a juicio a todos y para reprender a todos los pecadores impíos por todas las malas obras que han cometido, y por todas las injurias que han proferido contra él.» Judas 14-15 NVI


Podemos creer que nuestras buenas obras nos alcanzarán para nivelar las malas.  Hay quienes se creen muy puros, pero no se han purificado de su impureza. Proverbios 30.12 NVI  Él les dijo: «Ustedes se hacen los buenos ante la gente, pero Dios conoce sus corazones. Dense cuenta de que aquello que la gente tiene en gran estima es detestable delante de Dios. Lucas 16.15 NVI  Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Apocalipsis 3.15-16 RV60  Además, nadie estamos exentos.  Como está escrito: No hay justo, ni aún uno; Romanos 3.10 RV60  ... por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, Romanos 3.23 RV60  Pues "Ninguno hay bueno sino uno: Dios." Mateo 19.7b RV60

¿Acaso esto es increíble en un mundo en el que se valora más a la gente por lo que tiene o como se ve; que la mayor parte del tiempo sólo vemos por nosotros, aún implicando eso pasar por encima de los demás; que desde niños nos fascina la violencia y la muerte; que nuestras máximas aspiraciones tienden al materialismo y que, sobre todo, Dios está mayormente ausente de nuestras vidas?

Dios odia al pecado.  Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová. Zacarías 8.16-17 RV60  Y "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6.23, RV60).  De esta manera, no podemos tener parte con Él en la vida eterna que nos ofrece.  ¿Cuál sería entonces nuestro lugar?


Podemos disertar sobre el infierno, el cual es un tema muy escabroso, pero por ahora, prefiero hacerlo muy poco.  Por un lado tenemos la imagen del fuego y el sufrimiento:  ... y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Mateo 13.42 RV60  Por otro lado tenemos que el castigo será proporcional, tal como esperaríamos de la perfecta justicia de Dios:  ... Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Apocalipsis 20.12 RV60  Y que este no es eterno:  Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Mateo 10.28 RV60

Hay quienes creen que el castigo en el infierno es eterno pero, además de que esto se antoja demasiado desproporcionado, se nos dice muy claramente que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6.23 RV95), lo que significa que el resultado final es la mencionada destrucción del alma y el cuerpo (cf. Mateo 10.28 RV60), la cual es la "muerte segunda" (cf. Apocalipsis 21.8 RV60).  En el otro extremo, también hay los que no creen en un castigo eterno, ya sea pensando que Dios perdona todo a todos, o que simplemente cesamos de existir al morir, después de hacer y deshacer como se nos pegue en gana durante nuestras vidas, lo cual es contrario a lo que encontramos en la Biblia y que tampoco suena muy justo, ¿o sí?  Así pues, en todo caso es claro que la perspectiva no es nada buena.  Más bien, es tremendamente mala.

Podemos reaccionar como a quienes les predicó Pedro.  Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Hechos 2.37 RV60  Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; Hechos 8.22 RV60

El camino comienza por ahí y podemos superar el "quizás" y tener plena certidumbre.  


¿Qué concluiremos? ... si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: «No codicies.» Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia ... porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató. Romanos 7.7-11 NVI  Vimos nuestra incapacidad para obedecer los mandamientos de Dios.  Satán, con su estrategia de mentiras (ver entrada ¿Cuál fue el famoso Pecado original?), nos hace ver las cosas diferentes de como Dios quiere que las veamos.  Por ejemplo, en lugar de apreciar cuántas cosas nos ha concedido Dios, codiciamos lo que no tenemos creándonos tontas necesidades.

... yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado. No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí. Romanos 7.14-20 NVI  Nuestra naturaleza tiene esa inclinación irresistible al pecado, porque tal como Adán y Eva lo hicieron, queremos prescindir de Dios y depender de nuestra propia suficiencia.  Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Salmos 127.1a NVI  Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? Romanos 7.21-24 NVI

3. Cambiar de mentalidad


El título de este punto puede ser desconcertante, viene del griego μετάνοια - 'metanoia' cuya traducción literal es "cambio de mente" y en la Biblia es "arrepentimiento".  Esto quiere decir que una vez reconociendo nuestra situación de pecado ante Dios, no sólo sentimos mero remordimiento que es un sentimiento de pena y vergüenza, sino que quisiéramos ser diferentes de manera de no ser cómo hemos sido, no continuar pensando y actuando igual.  ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y generosidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Romanos 2.4 RV95

Estando convencidos de nuestro pecado y reconociendo nuestra necesidad del perdón de Dios, lo lógico es que estemos sujetos a las condiciones de quien nos debe otorgar tal perdón.  Sería absurdo que fuéramos nosotros quienes pusiéramos las condiciones.

Tenemos pues a Dios que nos ama pero que en su justicia no puede darnos cabida con Él en su reino, y que nosotros no tenemos la capacidad de pagar por nuestros pecados porque en nuestra naturaleza humana estamos esclavizados a ellos.  Pero Dios también es misericordioso y provee:

4. El Salvador


Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 1a Juan 4.14 RV95

El nombre Jesús viene del hebreo יְהוֹשֻׁעַ - Joshua, que significa Yahweh libera, rescata o salva.  Cristo es un título que viene del griego Χριστός - 'Khristós', que a su vez es una trasliteración del hebreo מָשִׁיחַ - 'Mashiach', Mesías, que finalmente significa "El Ungido".  Ungir es vertir y untar algún aceite o perfume especial para consagrar o dedicar solemnemente a alguien o a algo; en la Biblia era el acto culminante para que los sacerdotes y reyes asumieran sus cargos.

Jesucristo es El Dios Salvador y a su vez consagrado por Dios Padre.  Es Dios encarnado.  En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Juan 1.1 RV95  Esto es muy importante entenderlo, Jesús es Dios hecho hombre.  El Padre y yo uno somos. Juan 10.30 RV95  Y Él y Dios son lo mismo.  Jesús es, por supuesto, un personaje histórico de quien dan testimonio no sólo los evangelios que son documentos completamente dignos de fe, sino de diversos historiadores romanos y judíos.

Poco después de Cristo, los gnósticos decían que Jesús había sido Dios pero no hombre.  Ahora, muchos creen que fue un gran hombre iluminado pero que no era Dios y que tampoco dijo serlo.  Pero tanto en los evangelios como en las cartas que conforman el Nuevo Testamento está clara su condición divina por lo que dijo, por lo que hizo, por lo que se profetizó de Él y cumplió, por como lo trataron, etc.  Considerando sólo lo que dijo e hizo, sino era Dios, sólo queda que fuera un charlatán o un loco.  Y precisamente por eso, la opción válida es que era Dios. —Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: —Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: —¿No está escrito en vuestra Ley: “Yo dije, dioses sois”? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: “Tú blasfemas”, porque dije: “Hijo de Dios soy”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre. Juan 10.32-38 RV95

Habiendo establecido las credenciales de Jesús, veamos a qué vino.

Vino a darnos el regalo de la salvación.  Es un regalo porque ya vimos que está fuera de nuestro alcance por lo que no es una retribución de nuestros méritos.  Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos. 2a Corintios 8.9 RV95  ... porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe, Efesios 2.8-9 RV95  Dios Padre nos regala la fe en Jesús como Salvador.  Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 2a Timoteo 1.9 RV95  Dios en sus propósitos quiere que todos seamos salvos.  »De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3.16 RV95  Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1.12 RV95

Así pues, Dios Padre quiere que habiendo admitido nuestro pecado y los consecuentes alejamiento y separación de Dios, entendamos nuestra necesidad de restablecer nuestra relación con Él, conformarnos a su voluntad teniendo claro que esto sólo puede ser en sus términos, y teniendo el corazón dispuesto, aceptar el regalo de salvación que nos da a través de su Hijo Jesucristo y reconocerlo como nuestro Salvador y el Señor de nuestras vidas.


¿Cómo es que Jesús nos regala la salvación?  ... fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5.10 RV95  Habíamos visto que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6.23 RV95).  Dios estableció a Jesús como el único sustituto que podía ser capaz de pagar nuestras deudas.  Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él. 2a Corintios 5.21 RV95  Jesús, como el único hombre perfecto que ha caminado en la Tierra, fue condenado injustamente a sufrir humillaciones y dolorosísimos tormentos como ser flagelado y ser coronado con espinas, pero sobre todo a morir en la muerte más cruel e ignominiosa que era ser clavado en una cruz.  Pero Jesús no fue un mero mártir.  Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Hebreos 2.14 RV95  Sabemos que Él, como Dios, venció a la muerte, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras 1a Corintios 15.4 RV95


La idea es que en nosotros también muere el pecado y nos renovamos con Él.  Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él, y sabemos que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. En cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; pero en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 6.5-11 RV95

5. El Espíritu Santo


¿Cómo ocurre esto?  ... por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3.5 RV95).  De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. 2a Corintios 5.17 RV95  ... porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2a Timoteo 1.7 RV95  Al recibir a Jesús como Señor y Salvador, recibimos al Espíritu Santo, quien es la tercera persona de la Trinidad.  Él es Dios en nosotros, que nos da la capacidad de conocer y conformarnos a la voluntad de Dios.  Es una presencia que si realmente la recibimos nunca la podremos perder, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención Efesios 4.30b RV95, pues la salvación que costó tanto con la sangre de Cristo, no es algo que podamos perder.  Pero sí es un fundamento sobre el cual debemos sobreedificar.  Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1a Corintios 3.11-15 RV95

Y esa sobre-edificación la hace el mismo Espíritu Santo, en la medida en la que lo dejemos trabajar en nuestras vidas.  Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley. Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros. Gálatas 5.16-26 NVI  Equipados ahora con su Espíritu debemos dejar que Él prevalezca.  Nótese que esto es muy diferente a la cultura humana egocentrista y que prefiere prescindir de Dios.

Finalmente, la vida cristiana debe ser de constante crecimiento en nuestra relación con Dios, el cual se da a través de:  1) La oración, que es la comunicación que tenemos con Él, con la cual lo debemos alabar, agradecerle, confesarle nuestros pecados y solicitarle peticiones según el modelo que nos presentó en el "Padre Nuestro" (cf. Mateo 6.7-13).  2) Leer nuestras Biblias. Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2a Pedro 3.18a NVI  3) ... no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10.25 RV95  Ciertamente hay que saber dónde, siendo lo importante no querer hacerlo solo pues Dios no lo quiere así.  Leyendo nuestras Biblias y pidiéndole a Dios ayuda sobre eso, podremos encontrar una iglesia acorde a su voluntad.

¿Qué hacer?


Tener un corazón dispuesto.  Por supuesto podemos tener muchas dudas sobre las que encontraremos respuestas con nuestro estudio de la Biblia, aunque no las hallaremos todas.  »Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios, Deuteronomio 29.29a RV95  Pero sin eso, no hay nada que podamos hacer.  Si lo tenemos, sugiero que oremos de la siguiente manera:

    Señor Dios Padre, creador de todo lo que existe, alabado sea por siempre tu nombre.  Sé que tengo muchas cosas que agradecerte y que me amas y quieres lo mejor para mi vida.  Pero reconozco que en mi vida he pecado contra muchas personas, lejanas y cercanas, contra mi mismo, pero sobre todo, contra ti.  Entiendo que esto me aleja de ti y no me permite tener parte contigo en tu reino.  Me arrepiento de mis pecados y te pido que salves y cambies mi vida.  Por ello acepto el precioso regalo que me ofreces a través de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo, a quien acepto como Salvador y Señor de mi vida.  Amén.

La oración anterior es un mero modelo que puede variar según cada uno.  Lo importante son las partes que tiene.  Si la decimos con convicción, Dios se agradará de que nos conformemos a su voluntad, y precisamente conforme a ésta, es que nos adoptará como sus hijos.  Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, Efesios 1.5 RV95

Los invito a que no demoren su decisión.  Reflexionen en el reto que Jesús les presentó a los judíos que no querían creer en él.  El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. Juan 7.17 RV95

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