sábado, 6 de mayo de 2017

Qué dice la Biblia sobre juzgar - Parte 1


"¡No me juzgues!", "¡no juzgues a los demás!", e incluso "¡no te juzgues a ti mismo!".  Todas son variaciones de lo que hoy, más que nunca, se considera como una norma de comportamiento a seguir, esencial hasta el grado de que llega a ser una exigencia o un mandamiento (de ahí los signos de exclamación).  Sin duda, podemos ver las bondades de ello; pero también puede llevarse demasiado lejos con fines equivocados.  Opiniones sobre esto hay todas las que quieran, por ello, según la vocación de este blog, veamos qué dice la Biblia sobre esto.

¿Qué debemos entender por juzgar?

Podemos decir que casi todos lo sabemos.  En Google encontramos que "juzgar" significa:  Deliberar, quien tiene autoridad para ello, acerca de la culpabilidad de alguno, o de la razón que le asiste en un asunto, y sentenciar lo procedente. Valorar, formar juicio u opinión sobre algo o alguien.  Así que vemos que, básicamente, tiene 2 alcances diferentes:  Uno de tipo jurídico, muy grave y que llega a declarar un veredicto de culpable o inocente, o darle la razón a una parte o a otra.  Y otro que supone una valoración para formar una mera opinión.

En la Biblia nos enfocaremos en el Nuevo Testamento, ya que ahí está la raíz de y la respuesta a esta controversia.  Veremos que la palabra base empleada en el griego antiguo es muy interesante, es κρίνω ('krinete').  Su significado incluye lo visto anteriormente; pero también significa primordialmente separar o seleccionar; así como aprobar o preferir; y hasta gobernar y mandar.  La palabra afín "crisis" (κρίσις - 'krisis'), significa principalmente separación, causada por una decisión o un juicio.  Otra palabra afín es "criterio" (κριτήρια - 'criteria'), el cual es un recurso para emitir un juicio.

Es claro que no tenemos problema con cómo se entiende y entendía este término.  Ya que la mayoría de nosotros no tenemos potestad de deliberar una sentencia en un juicio legal, podemos coincidir que la acepción de "juzgar" que más nos interesa es la que trata de valorar o evaluar, formarnos una opinión y, en última instancia, emitirla si es necesario.  Y el objeto obvio de ese juicio, en lo que respecta a esta entrada, son personas.

No juzguen


»No juzguen, para que no sean juzgados. Mateo 7.1 RVC  Este versículo es tan popular que mucha gente no creyente lo conoce.  Son palabras de Jesús dichas en el Sermón del Monte.  ¿Porqué dijo eso Jesús?  Él mismo lo explicó:  Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, serán medidos. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo”, cuando tienes una viga en el tuyo? Mateo 7.2-4 RVC  Jesús nos advierte, como lo hace en muchas otras instancias, que Dios (y específicamente Él mismo) tomará en cuenta la justicia o injusticia, dureza o misericordia, que empleemos con los demás (la vara con la que midamos).  Conociendo nuestra naturaleza humana caída, sabe que demasiadas veces tenderemos a la injusticia y a la dureza y, en ese caso, sería mejor que optáramos por no juzgar.

También nos previene a que nos auto-examinemos primero, pues muy posiblemente nos encontremos en una situación similar a la que estemos juzgando (i.e. calificando); en cuyo caso no tenemos autoridad moral para hacerlo.  Por tanto tú, que juzgas a otros, no tienes excusa, no importa quién seas, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, porque haces las mismas cosas que hacen ellos. Romanos 2.1 RVC  De esta enseñanza se deriva el conocido dicho de que cuando señalamos con nuestro dedo índice, hay otros 3 dedos de esa mano que apuntan hacia nosotros mismos.


En el Evangelio de Lucas, donde se repite esta enseñanza, está precedida por el pasaje que nos pide amar hasta a nuestros enemigos, el cual concluye con este llamado:  Por lo tanto, sean compasivos, como también su Padre es compasivo. Lucas 6.36 RVC  En ese evangelio, el pasaje que estamos revisando dice:  »No juzguen, y no serán juzgados. No condenen, y no serán condenados. Perdonen, y serán perdonados. Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante. Porque con la misma medida con que ustedes midan, serán medidos.» Lucas 6.37-38 RVC  Observamos los temas de la compasión y la misericordia.  Así como Dios es compasivo con nosotros, ofreciéndonos su misericordia a través del pago que Jesús hace por nuestros pecados, que implican su perdón y, por lo tanto, el no ser condenados; también nos pide que seamos congruentes con ello, siendo compasivos en nuestros juicios, perdonando y no condenando, y generosos en nuestro amor, todo lo cual nos dice que nos será retribuido.

No menospreciar

En otras ocasiones, la intención de juzgar/opinar busca ponernos encima de los demás, considerando que lo que hacemos o en lo que creemos nos hace superiores; logrando no sólo el desagrado hacia nosotros, sino que si además nos ostentáramos como cristianos, la gente podría alejarse de Dios por vernos como personas petulantes e hipócritas.  Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano. Romanos 14.13 NVI  El contexto de este pasaje de Romanos trata sobre diferentes prácticas que unos y otros hermanos en la fe tenían, siendo unas verdaderamente superiores a las de otros en un sentido doctrinal.  No obstante, Pablo no quiso que la gente se perdiera en disputas secundarias ante la importancia de seguir a Dios, por lo que era mejor dejar los juicios de lado.  Y aunque este pasaje habla sobre diferencias entre hermanos en la fe, no con no creyentes, con nadie debemos caer en la petulancia, ... Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, ... Romanos 12.3b NVI

No hablar mal

Y otra razón para no juzgar, es en el sentido de no hablar mal, no murmurar o no pasárnosla criticando a los demás; y mucho menos llegando a erigirnos en jueces que salvan o condenan.  Hermanos, no hablen mal unos de otros. El que habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga. Y si juzgas a la ley, te haces juez de ella en vez de obedecerla. Solamente hay uno que ha dado la ley y al mismo tiempo es Juez, y es aquel que puede salvar o condenar; tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? Santiago 4.11-12 DHH  Este pasaje también está dirigido a las relaciones entre hermanos en la fe, pero también lo podemos aplicar en otras relaciones.

Conclusión

Hasta aquí, tenemos claro que no debemos juzgar a los demás; es decir, evaluarlos, formarnos opiniones sobre ellos y emitirlas (decírselas a ellos o a terceros).  Por lo menos, vemos que no debemos hacerlo mientras no sea un juicio justo y misericordioso; mientras no hagamos un previo auto-examen y corrijamos lo que esté mal de nuestra parte; mientras sea con fines de sentirnos superiores; y mientras sea para hablar mal de los demás.

Por otro lado, sin caer en justificar opiniones gratuitas que nadie nos pide ni necesita, ni el gustado deporte del chisme, la vida cotidiana nos lleva a que, en el trato con múltiples personas, debamos evaluar con quién tratamos, con quién tratan personas que nos importan (familia, amigos, gente de trabajo, etc.), formarnos opiniones de ellas y, si es necesario, comunicarlas.

Así que el tema no termina aquí, la Biblia es muy amplia y muy rica, y daremos respuesta a ésta y otras cuestiones en la próxima entrada.

Los saluda su amigo el Biblioguero.

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